Página-inicio|Presentación|Infraestructura|Niveles educativos|Extraescol.-Servicios|Carácter propio|Pastoral escolar

Aspectos pedagógicos|Fiestas del Colegio|Santo de los niños|Alumnos|Profesores|Padres|Convivencia|Web Internado

Calidad|Calendario escolar|Depart. Orientación|Documentación| Bilingüismo |Potenciación idiomas|Animación-Lectura

Rincón en rincón|P.Life Tiermes|P.Comenius|Nuevas Tecnologías|Página-Director|Úlimas noticias|Pemios-recon.|AMPA

Exalumnos|Comunicación con Centro|Webs-Prof.|Enlaces calasancios| Webmail |Parroquia|Parte diario Familia-Colegio

 

     
.

.

.
 

A TODAS LAS MAMÁS

 
 

 

 

Un poema

Madrecita Mía,
de Gabriela Mistral

Madrecita mía,
 madrecita tierna,
déjame decirte
dulzuras extremas.
Es tuyo mi cuerpo
que juntaste en ramo
deja revolverlo
sobre tu regazo...
Juega tu a ser hoja
y yo a ser rocío,
y en tus brazos locos
tenme suspendido...
Madrecita mía,
todito mi mundo,
déjame decirte
los cariños sumos...

 

 

 

 

.

 

Una plegaria

Palabras de Miel,
de Miguel de Unamuno

Madre, llévame a la cama,
que no me tengo de pie.
Ven, hijo, Dios te bendiga
y no te dejes caer.
No te vayas de mi lado,
cántame el cantar aquél.
Me lo cantaba mi madre;
de mocita lo olvidé,
cuando te apreté a mis pechos
contigo lo recordé.
¿Qué dice el cantar, mi madre,
qué dice el cantar aquél?
No dice, hijo mío, reza,
reza palabras de miel;
reza palabras de ensueño
que nada dicen sin él.
¿Estás aquí, madre mía?
porque no te logro ver...
Estoy aquí, con tu sueño;
duerme, hijo mío, con fe.

 

Una historia

Mamá mala,
de cualquiera de nosotros

Mi mamá era la más malvada del mundo. Cuando otros niños desayunaban refrescos y chucherías, nosotros leche y cereales y teníamos que comer verduras, pescado y fruta.

Insistía en saber dónde estábamos, quienes eran nuestros amigos y qué hacíamos con ellos, como si fuéramos convictos en prisión.

Teníamos que ayudar en casa, lavar los platos, sacar la basura, hacer la cama, ordenar nuestro cuarto y toda clase de trabajos forzosos.

También insistía en que dijéramos siempre la verdad.

Estaba pendiente de que nos cepilláramos los dientes y nos bañáramos, de que estudiáramos... Se ponía furiosa si nos veía sin zapatos o poco abrigados.

Cuando ya éramos mayores, quería conocer y saludar a los amigos que venían a buscarnos a casa.

Nos perdimos muchas experiencias: nunca probamos drogas, ni hicimos gamberradas, ni molestamos a los vecinos y todo por su culpa.

Y para colmo, ahora que ya somos adultos y hacemos todo lo posible por ser con nuestros hijos tan malos como ella lo fue con nosotros, se enfada cuando gritamos a sus nietos o somos injustos con ellos.

Gracias mamá. Ojalá existan muchas mamás tan malvadas como tú.

 

 
.

.

.