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O C I O   S A L U D A B L E

Probablemente haya sido el tema más comentado en los últimos días y el más tratado en los informativos del fin de semana. Me refiero, como es obvio, al fenómeno social de mayor actualidad: EL BOTELLÓN.

Las últimas estadísticas resultan, cuando menos alarmantes: los jóvenes de ahora beben el doble que los de hace 10 años y se inician en el consumo de alcohol de forma más temprana. En concreto, el perfil de los que practican este hábito del botellón abarca desde los 13 a los 25 años.

Desde luego estos datos no pueden escapar a la reflexión por parte de los padres, los educadores, los poderes públicos y, cómo no, de los propios implicados a raíz de los altercados que se han producido en el último fin de semana.

Son muchos los jóvenes que defienden su derecho a beber en la calle, justificando estas concentraciones con el argumento de la socialización, y no son pocos los que se sienten exentos de culpa al entender que con su comportamiento no hacen daño a nadie. Pero la realidad no invita precisamente a la tranquilidad: mobiliario urbano destrozado, comunidades de vecinos afectadas en sus propiedades privadas y en un clima adecuado para el descanso en las noches de viernes y sábados.

Los menores de edad descubren la tapadera perfecta para iniciarse en el consumo de alcohol, y el estado de embriaguez provoca, en algunos casos, enfrentamientos violentos que, por desgracia, parecen necesarios para la diversión.

Para colmo algunos medios de comunicación critican incluso las acciones emprendidas por determinados ayuntamientos que, extremando las medidas de seguridad, han impedido la celebración de estas concentraciones.

Lo cómodo sería mirar a otro lado, ignorando el problema, pero esto provocaría un problema mayor, el de que los jóvenes de hoy, hombres y mujeres del mañana, no aprendan que los derechos de uno terminan donde empiezan los del vecino.

Es evidente que la llave de la solución se encuentra principalmente en cada casa, en la educación que se enseña en la familia, pero los centros educativos debemos colaborar con las familias en esta difícil tarea de educar y el nuestro quiere asumir este compromiso. Defendemos que el alcohol no es necesario para pasarlo bien y disfrutar con los amigos, y para ello presentamos y proponemos diferentes alternativas de ocio saludable.

Las recientes Jornadas de Animación a la Lectura van en esta línea, como también nuestra oferta en depones, talleres de teatro, fotografía y maquetas, excursiones culturales, juegos en grupo, reuniones... Para ello contamos con la inestimable ayuda de la Agrupación Deportiva, la Asociación de Alumnos y la A.M.P.A. Desde luego nuestro principal objetivo ha sido, es y será la formación integral de los alumnos, poniendo el acento en la educación en valores y, dentro de ella, en la educación para el ocio.