Página-inicio|Presentación|Infraestructura|Niveles educativos|Extraescol.-Servicios|Carácter propio|Pastoral escolar

Aspectos pedagógicos|Fiestas del Colegio|Santo de los niños|Alumnos|Profesores|Padres|Convivencia|Web Internado

Calidad|Calendario escolar|Depart. Orientación|Documentación| Bilingüismo |Potenciación idiomas|Animación-Lectura

Rincón en rincón|P.Life Tiermes|P.Comenius|Nuevas Tecnologías|Página-Director|Úlimas noticias|Pemios-recon.|AMPA

Exalumnos|Comunicación con Centro|Webs-Prof.|Enlaces calasancios| Webmail |Parroquia|Parte diario Familia-Colegio

 

.

UNA NAVIDAD MÁS, ¡NADA MENOS!

Expresar de manera original lo que debería significar la navidad para nosotros, resulta poco menos que imposible. Son tantos los tópicos y las convenciones que no sabemos con qué sensaciones quedarnos.

Pero si algo no debemos hacer es matar del todo ese espíritu navideño que todos llevamos dentro y que tiene mucho que ver con hacernos niños, como nos pidió Jesús de Nazaret.

Si nos hemos olvidado del niño que fuimos nos parecen auténticas cursiladas los mensajes de paz, amor y felicidad que se prodigan durante estos días. ¿Por qué será?

Podemos comprobarlo, leyendo uno de tantos mensajes con que nos topamos en las felicitaciones de navidad. Por ejemplo, este bello himno litúrgico:

  Poner paz en tanta guerra,
calor donde hay tanto frío,
ser de todos lo que es mío,
plantar un cielo en la tierra.
¡Qué misión de escalofrío
la que Dios nos confió!

Su lectura hace vibrar algo en nuestro interior que intentamos acallar enseguida, muchas veces de manera inconsciente, porque nos resulta utópico o, lo que es peor, demasiado comprometedor.

En cualquier caso, a medida que pasan los años, cada vez cuesta más que vibre ese algo en nuestro interior y el peligro de que la navidad nos deje impasibles se hace más acuciante.

Si a esto añadimos el nada sutil ropaje que oculta la verdadera navidad en estos tiempos que nos ha tocado vivir, nos encontraremos con el escenario menos ilusionante para mantener viva la capacidad de vibrar.

Y, sin embargo, necesitamos esa vibración como el aire que respiramos, aunque no lo queramos reconocer. Así que, luchemos, luchemos porque aflore ese niño que llevamos dentro; el niño que nos mueve a compartir, el niño que nos mueve a sonreír, el niño que nos mueve a hacer feliz a alguien, el niño que siente lo que significa proclamar

¡Feliz Navidad a todos!