|
|
| . |
|
UNA NAVIDAD MÁS, ¡NADA MENOS! |
|||
|
Expresar
de manera original lo que debería significar la navidad para nosotros,
resulta poco
Pero si algo no debemos hacer es matar del todo ese espíritu navideño que todos llevamos dentro y que tiene mucho que ver con hacernos niños, como nos pidió Jesús de Nazaret. Si nos hemos olvidado del niño que fuimos nos parecen auténticas cursiladas los mensajes de paz, amor y felicidad que se prodigan durante estos días. ¿Por qué será? Podemos comprobarlo, leyendo uno de tantos mensajes con que nos topamos en las felicitaciones de navidad. Por ejemplo, este bello himno litúrgico:
Su lectura hace vibrar algo en nuestro interior que intentamos acallar enseguida, muchas veces de manera inconsciente, porque nos resulta utópico o, lo que es peor, demasiado comprometedor.
En
cualquier caso, a medida que pasan los años, cada vez cuesta más que
vibre ese algo en
Si a esto añadimos el nada sutil ropaje que oculta la verdadera navidad en estos tiempos que nos ha tocado vivir, nos encontraremos con el escenario menos ilusionante para mantener viva la capacidad de vibrar. Y, sin embargo, necesitamos esa vibración como el aire que respiramos, aunque no lo queramos reconocer. Así que, luchemos, luchemos porque aflore ese niño que llevamos dentro; el niño que nos mueve a compartir, el niño que nos mueve a sonreír, el niño que nos mueve a hacer feliz a alguien, el niño que siente lo que significa proclamar ¡Feliz Navidad a todos!
|