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JESÚS NOS INVITA A SU "CUMPLE"

 
 

¿Qué otra cosa celebramos en la Navidad, sino el cumpleaños de Jesús?

No lo parece, ¿verdad? ¿O sí? Fiesta hay mucha, y alegría, y buena comida, y regalos y, hasta buenos sentimientos.

Pero, curiosamente, en los cumpleaños, el homenajeado es el protagonista y es el que recibe los regalos, sin embargo, en el de Jesús los regalos no parece que sean para él, sino más bien para los invitados y, la mayoría ni se acuerda del homenajeado.

¿ Qué nos parecería si los amigos que vienen a nuestro cumpleaños nos ignoraran y se trajeran regalos a sí mismos?

Vaya corte, ¡a que sí! Pues Jesús, no sólo no se molesta, sino que se alegra de nuestra alegría y bendice nuestra fiesta, aunque, eso sí, le gustaría que nos acordáramos un poco más de su mensaje de amor fraterno para todos.

Él no necesita regalos materiales, esos nos los podemos seguir reglando unos a otros; lo que echa en falta es el regalo de la fraternidad, pero no la palabra rimbombante con que nos llenamos la boca tan a menudo, ni la entelequia que no traspasa los límites de las buenas intenciones, sino la fraternidad operativa, la de obras son amores y no buenas razones, la que se traduce en ayuda contante y sonante al hermano.

Cuando nos invitan a un "cumple" nos cuesta elegir un regalo para nuestro amigo. Pues, con Jesús lo tenemos muy fácil. El mejor regalo es lo que hagamos por los demás.

¡Feliz cumpleaños, Jesús!

¡Feliz Navidad y feliz 2004 para todos!

 
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CUENTO DE NAVIDAD

 
 

Siempre está viva la fe en el corazón de los hombres... Dijo el sacerdote al ver la iglesia llena.

Eran obreros del barrio más pobre de Río de Janeiro, reunidos esa noche con un solo objetivo común: la misa de navidad. Se sintió muy confortado.

Con paso digno, llegó al centro del altar.

      - a, b, c, d,...

Era, al parecer, un niño el que perturbaba la solemnidad del oficio. Los asistentes se volvieron hacia atrás, algo molestos.

   - a, b, c, d,...

- ¡Para! - dijo el cura.

El niño pareció despertarse de un trance, lanzó una mirada temerosa a su alrededor y su rostro enrojeció de vergüenza.

- ¿Que haces? ¿No ves que perturbas nuestras oraciones?

El niño bajó la cabeza y unas lagrimas se deslizaron por sus mejillas...

- ¿Dónde está tu madre? - insistió el cura - ¿No te ha enseñado a seguir la misa?

Con la cabeza baja el niño respondió:

- Perdóneme padre, pero yo no he aprendido a rezar. He crecido en la calle, sin padre ni madre. Hoy como es navidad, tenia la necesidad de conversar con Dios. Pero no se cual es la lengua que Él comprende, Por eso digo sólo las letras que yo sé. He pensado que, allá arriba, Él podría tomar esas letras y formar las palabras y las frases que le gusten.

- El niño se levantó.

- Me voy - dijo - .No quiero molestar a las personas que saben tan bien comunicarse con Dios.

Pero el sacerdote le respondió:

- Ven conmigo.

Y tomando al niño por la mano le condujo al altar y se dirigió a los fieles con estas palabras:

- Esta noche, antes de la misa, vamos a rezar una plegaria especial. Vamos a dejar que Dios escriba lo que desea oír. Cada letra corresponderá a un momento del año, en el que lograremos hacer una acción, luchar con coraje para realizar un sueño o decir una oración sin palabras. Y le pediremos que ponga en orden las letras de nuestra vida. Vamos a pedir en nuestro corazón que esas letras le permitan crear las palabras y las frases que a Él le agraden.

Con los ojos cerrados, el cura se puso a recitar el alfabeto. Y, con él, toda la iglesia repitió:

      a, b, c, d... 

Paulo Coelho

Publicado en el Editorial del diario El Comercio