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es saludable rumiar el pasado. Es refugio frágil para amargados y
resentidos. Y, a veces, produce un mareo de veneno.
Colgar fechas en los pasos perdidos del pasado, siempre me ha
resultado tarea imposible. ¿Fue en 1959, en 1960,... cuando pisé por
vez primera el Viejo Colegio de Escolapios? ¿En qué año me estrené
como profesor de francés? ¿Cuándo tomé la decisión que cambió el
rumbo de mi vida? Baile de fechas, esfuerzo inútil, mirada hacia atrás
para captar el profundo vacío.
Colgar nombres, caras y sentimientos en los grandes huecos del
corazón me resulta más fácil y consolador. Roces fugaces que
encendieron chispas de ilusión, calor humano que siempre anida en el
corazón.
Hoy, mi Viejo Colegio ya desmantelado, miro hacia atrás y alabo a
Dios y agradezco a los Escolapios de entonces y de siempre su paciencia
y su amor.
Cada uno puede contar su historia, sus migraciones y la orientación
de su brújula. Todos somos aves migratorias si no físicamente, sí
espiritualmente.
Yo, en el Viejo Colegio, emprendí mi definitiva migración
espiritual. No recuerdo la fecha, sí recuerdo bien el buzón del
Espolón y la carta dirigida al P. Teófilo, Provincial, y el vacío
total y el vértigo al sí. Poco más tarde vino el aterrizaje en una
geografía extraña y fecunda: la vida religiosa Escolapia, el
sacerdocio, la enseñanza, en la tierra de Dios.
Miro hacia atrás y me siento un pequeñito Abraham enriquecido y
bendecido por Dios. Llamado a salir de una tierra pequeña y siempre
temblorosa para establecerme en una tierra firme y prometida, la del
Señor.
Miro hacia atrás y agradezco a mi Viejo Colegio, mera circunstancia,
el horizonte sin límites que me brindó. Todo lo que soy se lo debo a
mi Viejo Colegio. No sé cómo fue pero todo empezó como la apuesta de
Pascal. Gané la apuesta, encontré mi voz y me hizo muy feliz.
El Viejo Colegio también emigra y siente las turbulencias del viaje
y la incertidumbre del futuro. Es el viaje romántico de las bodas de
oro con la ciudad de Soria. Los Escolapios, uncidos a la vieja y
envejecida Soria, quieren compartir riesgos y esperanzas con toda su
población.
En una provincia y una ciudad que vive bajo el signo de la
emigración, todos los caminos llevan a Madrid, Zaragoza, Nueva York,...
¿cuántos caminos llevan a Soria? Los Escolapios han decidido quedarse.
Los Escolapios se quedan y estrenan Nuevo Colegio. Quedarse sin calcular
riesgos y ofrecer futuro y esperanza a unos niños que, mañana, seguro,
emigrarán.
Mirar hacia atrás para bendecir, alabar y agradecer. Para mí todo
empezó en el Viejo Colegio. Espero que el Nuevo Colegio sea también
"todo" para los que en él empiecen a soñar mundos nuevos y
más grandes.
Todo empezó en Soria, pequeña y avara, silenciosa e íntima, vieja
y estéril. Todo empezará para muchos niños en el Nuevo Colegio, en
torno a libros y juegos, mascando el lema Escolapio: Piedad y Letras, fe
y cultura, Dios y el hombre, hasta llegar a la tierra prometida.
Gracias, adiós, Viejo Colegio de la Avenida de Valladolid. Gracias,
Escolapios de ayer y de siempre, por el Nuevo Colegio. Feliz travesía y
a remar con ganas. Mirando hacia adelante con gran ilusión, mirando
siempre hacia adelante. (P. Félix Jiménez,
Escolapio) |